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Posted by on Aug 31, 2016 in Tradiciones culturales | 0 comments

Cuento corto el reloj cucú

Cuento corto el reloj cucú

Un día entró a una relojería una señora pidiendo hablar con el maestro relojero.

– Muy buenos días mi señora, ¿en qué puedo servirle?

– Quiero que por favor arregle este viejo reloj cucú. Es un objeto muy apreciado por mi familia ha pasado de generación en generación hasta llegar a mis manos. Mi padre está muy enfermo y uno de sus deseos sería verlo funcionando como cuando era niño.

– Déjenme verlo. Ah, el mecanismo está muy desgastado, pero al tratarse de una pieza de madera sólida, seguramente podré restaurarlo, aunque eso sí me temo que tardare bastante.

-¿Cómo cuánto tiempo?

– De tres a cuatro semanas.

– Es demasiado tiempo. Estoy segura que si le pago el triple de lo que me vaya a pedir, el tiempo también se reducirá ¿cierto?

– No señora, para empezar yo no cobro por el tiempo en el que me demoro en hacer las cosas, cobro por mis conocimientos y la dedicación que le entregó a cada una de las piezas me traen a reparar. Trataré de tenerlo cuanto antes, pues entiendo su urgencia.

Ambos pactaron un precio y la mujer salió del establecimiento.

Desde esa noche, el relojero trabajó horas extras tratando de reparar el mecanismo del viejo reloj. Debajo del cucú había cuatro parejas de bailarines elaborados también en madera, que se movían cuando las manecillas llegaban a las 12.

En algunas ocasiones, sólo iba al cuarto de sus hijos a relatarles un par de cuentos cortos y regresaba al taller. Una noche escuchó unos ruidos que provenían del área de manufactura. Se acercó y vio como los bailarines se habían descolgado por las cadenas del cucú hacia una mesa para poder bailar en un área más grande.

– ¡Es un reloj encantado! Pensó.

Esperó a que las pequeñas piezas de madera volvieran a su estado inanimado. Concluyó el trabajo y no le cobró a la mujer ni una sola moneda de plata.

El miedo que tenía el relojero es que creyó que aquella dama era una bruja y no quería que le lanzasen ningún maleficio.